CONDENSACIÓN

Para que se produzca la condensación es necesario que la humedad relativa del aire sea del 100%.
Hay que indicar que sobre un aire "limpio" la condensación es muy díficil, la humedad necesita de una superficie o partículas sólidas que actúen como núcleos de condensación, sobre éstos se pueden reunir las moléculas de agua en número suficiente para formar pequeñas gotas.
Si se reduce la temperatura del aire por debajo del punto de rocío, éste se sobresatura (es decir, su humedad relativa supera el 100 %). Para mantener una gotita de agua pura de 10-7 cm de radio (0.001 µ m) se necesita la presencia de una humedad relativa del 320 %, y para otra de 10-5 cm de radio (0,1 µ m), la de una humedad de 101 %.

Por lo general, la condensación se produce sobre una superficie extraña, una partícula de tierra o de planta, como en el caso del rocío o de la escarcha; mientras que la condensación del aire libre se inicia sobre lo que se llama núcleo higroscópico. Se trata de partículas microscópicas (aerosoles) cuya superficie tiene la propiedad de la humectabilidad. Los aerosoles incluyen polvo, el humo, las sales y los compuestos químicos.
Las sales marinas, que son especialmente higroscópicas, entran en la atmósfera por explosión de las burbujas de la espuma del mar y constituyen uno de los componentes principales de contenido en aerosoles del aire cercano a la superficie de los océanos.
También tienen importancia las partículas de tierra, los productos de origen natural o industrial y otros procedentes de la combustión doméstica, levantados por el viento; también contribuyen ciertas partículas de áreas urbanas transformadas por procesos fotoquímicos.

Por término medio, el aire oceánico contiene un millón de núcleos de condensación por litro, y el aire continental unos cinco o seis millones.
Cerca de la superficie marina, los aerosoles están constituidos por sales marinas y debido a su tamaño desaparecen enseguida.

Teniendo en cuenta la forma de producirse el enfriamiento del aire húmedo, la condensación puede ser por irradación o por ascensión adiabática.

La condensación por irradación es debida al enfriamiento del suelo, que crea una inversión térmica, porque la temperatura del suelo es menor que la del aire situado encima.
El vapor de agua se condensa sobre la superficie terrestre más fría dando lugar al rocío (líquido), o a la escarcha (sólida), si la temperatura es menor de 0º C. El rocío y la escarcha no producen precipitaciones, pero en zonas muy áridas pueden servir para mantener la vegetación.
Hay que señalar que la escarcha no es el rocío helado, sino el vapor de agua que por sublimación pasa de gas a sólido sin pasar por estado líquido. Por tanto, la formación de estos dos procesos acuosos no producen nubes.

Las nieblas se producen cuando la condensación afecta a una masa de aire estable en las capas más bajas de la atmósfera y en contacto con la superficie fría terrestre. No son nubes, ya que el proceso de condensación procede del suelo.
Niebla en Canfranc

La condensación por ascensión adiabática se debe al ascenso de las masas de aire y la disminución de la presión.
Cuando el aire alcanza el punto de rocío, se forman pequeñas gotas de agua que se mantienen en suspensión formando las nubes.
Si el aire saturado asciende a una altitud en la cual la temperatura es inferior a 0º C se van formando pequeños cristales de hielo, dando lugar a la nieve, o al granizo.
Cuando el peso de las gotas de agua es mayor que las corrientes ascendentes que las mantienen en suspensión, se producen las precipitaciones.

Consultar: Las nubes *

PRECIPITACIÓN

Es la forma en que el agua presente en la atmósfera retorna la superficie terrestre. Puede volver de forma sólida o de forma líquida llegando al suelo con una velocidad apreciable.Este fenómeno siempre viene precedido por los procesos de condensación, sublimación o por los dos a la vez.
Los productos de la precipitación caen a través del aire, al contrario de los de la condensación y sublimación atmosféricas (nubes) que flotan en él.
Los productos acuosos de la precipitación son siempre más grandes que las que constituyen las nubes, aunque formados a partir de éstos, por lo que requieren de su existencia. La velocidad de caída de las partículas de precipitación depende de su tamaño y de la componente vertical de la velocidad de los flujos aéreos.

Consultar: Las precipitaciones*