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Adivinanzas del colegio

 

 

Soy blanco como la leche

y fino como la seda,

mi padre fue un duro árbol

y conmigo están llenas

de cartas las carterías,

de libros las bibliotecas.

 

¿Qué fiesta será

que entre sábado

y lunes está?

 

Te indica el día,

te indica el mes,

te indica el año.

Dime qué es.

En un rincón de la clase,

yo estoy colocada,

acudes a ella con lo que

no te sirve de nada.

 
 

Todos me buscan

para descansar.

Si ya te lo he dicho

no lo pienses más.

Yo no lo he hecho

yo no lo he dicho,

aunque lo hecho y dicho

pueden estar en mí metidos.

 

Es enemiga del lápiz,

lo que éste hace

ella lo deshace.

Por mí puedes escribir

pero cada vez que escribas

quitas un poco de mi vida.

Tiene lomo y no anda

tiene hojas y no es planta

sabe mucho y nada habla.

 

Se me puede escribir

se me puede dibujar,

no te hace falta goma

para poderme borrar.

Le das con los dedos,

escribes las letras,

y si te confundes,

repites la letra.

 

Cae de la torre

y no se mata.

Cae al río

y se desbarata.

Dos compañeras

van al compás,

con los pies delante

y los ojos detrás.

El campo es blanco

la semilla negra,

dos ojos la miran

y una mano la siembra.

 

Una dama blanca

por un campo verde

anda que te anda,

y el campo se llena

de blancas pisadas.

Por dentro carbón,

por fuera, madera.

En tu maletón

me voy a la escuela.

 

 

Con mis hojas bien unidas,

que no me las lleva el viento,

no doy sombra ni cobijo,

pero enseño y entretengo.

Aunque no soy importante,

en la vida pinto algo;

pero no podré pintar

cuando ya me quede calvo.

Tengo hojas sin ser árbol,

te hablo sin tener voz,

si me abres no me quejo,

adivina quién soy.

 
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