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Los
niños inventan con los cuentos de ANDERSEN
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Estos
cuentos hay que leerlos con mucha atención. |
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Aventuras de un soldadito | La amistad de la cerillera y la sirenita |
| El secreto del sastrecillo valiente | La moneda dorada | |
| El valiente soldadito de Lucas | Los tres amigos | |
| El viaje |
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AVENTURAS
DE UN SOLDADITO
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Érase
una vez un soldadito de plomo al que le faltaba una pierna. Llevaba
cinco años creciendo junto a la campesina y el deshollinador,
y un día les dijo: |
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Y
así lo hizo el buen chico.
Le hizo un barquito de papel y le depositó en el río. Adiós, buen viaje. El soldadito, todo ilusionado, navegó durante horas hasta que llegó al mar. Por culpa de las olas, el barquito naufragó, como el soldadito era de plomo se hundió hasta el fondo. Tres horas estuvo intentando subir a la superficie hasta que un pez se lo tragó. El soldadito asustado dijo: Nunca saldré de aquí. De repente, notó un fuerte golpe. Era la Sirenita, que al oír los quejidos había ido en su ayuda. El pez y la Sirenita estuvieron luchando más de una hora, hasta que el pez murió rendido. La Sirenita abrió el pez y sacó al soldadito diciendo: Corre, rápido, tenemos que irnos. La Sirenita desapareció y el valiente soldadito se dio la vuelta, mientras se le comía una gamba. El soldadito se desesperó. Pasaron unos días, hasta que casi muerto, notó un golpe, más suave que el anterior. De repente, le escupieron. Vio que era un patito muy feo. Le preguntó: ¿Cómo te llamas? Me llamo Patito Feo. ¿Por qué me escupes? Creo que era porque estabas duro. Gracias por salvarme la vida. Y así vivieron felices y contentos, hasta que el soldadito conoció a una bailarina y se hicieron novios. Un día se cayeron al fuego, colorín, colorado este cuento se ha acabado. Fernando Da S. 6º EP |
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EL
SECRETO DEL SASTRECILLO VALIENTE
Había
una vez, un pueblecito a orillas del mar Cantábrico. Era un pueblo
tranquilo y alegre en el que se celebraban todas las fiestas, absolutamente
todas, desde el cumpleaños hasta el día de Navidad. De esto
hace ya 21 años. |
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El niño enseguida puso a los soldaditos en formación y cuando
cogió el último observó un detalle distinto: tenía
el traje roto y le faltaba una pierna. Inmediatamente como le gustaba coser,
buscó tela bonita y se puso manos a la obra. Cuando terminó
y vio que era el más bonito, pensó que podía ser el
general junto a la preciosa bailarina. Y así fue como el soldadito
cojo dibujó una sonrisa en su cara de plomo. Juan cogió su caja y la puso en el alféizar de la ventana y sin querer empujó las habichuelas a la calle. |
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Quiso
bajar a cogerlas pero sus padres no le dejaron. Iría a buscarlas
por la mañana -pensó y después de cenar se fue a
dormir, pues con el día tan ajetreado que había tenido estaba
tan rendido que a los pocos minutos ya se había dormido profundamente. Cuando Juan estaba desayunando, oyó a sus padres hablar de la tormenta y salió corriendo hacia la puerta, la abrió y se quedó mirando al lugar donde la noche anterior habían caído sus habichuelas. No había ni rastro de ellas. El niño se puso unas botas y salió a la calle y lo que vio un poco más lejos lo dejó sorprendido: sus habichuelas no estaban, pero en su lugar crecían cinco alegres plantitas; a la primera le había salido una flor que se abría lentamente, las tres siguientes daban comida y la quinta y última atravesaba las nubes. Era grueso y podía soportar el peso de Juan, por lo que pidió permiso a su madre y subió por ella. Cuando llegó a las nubes, miró en todas direcciones, hasta que su mirada se topó con otra. |
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Al
principio le pareció estar soñando porque sabía que
esa persona era una leyenda, o al menos para algunos del pueblo era así
pero
De repente la persona se presentó: Hola, soy la Reina de las Nieves, ¿cómo te llamas tú, pequeño? A Juan casi se le doblan las rodillas del susto y con un hilo de voz contestó: Me llamo Juan. La Reina de las Nieves le dijo que todo aquel que llegara a su castillo tendría una facultad mágica. Juan, más acostumbrado que antes, preguntó: Y ¿cuál será la mí míaa? Cuando ella le dijo la respuesta, sonrió al niño y se despidió. Juan bajó por la planta y se despidió. Bajó por la planta a su casa todavía pasmado y al llegar vio a su madre con algo en las manos. Para Juan no fue demasiado llamativo comparado con lo que había visto esa mañana; en el tiesto había una niña muy pequeña, que tenía su misma edad, tumbada sobre el girasol del tiesto, comiendo tranquilamente una pipa. |
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Decidió
llamarla Pulgarcita, pues su tamaño no sobrepasaba al de un pulgar
del niño. Marina C. 6º EP |
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EL
VALIENTE SOLDADITO DE LUCAS
Cuando
un niño bueno muere, baja del cielo, enviado por Dios, un ángel,
que lo recoge en sus brazos y lo lleva al cielo, parando primero por todos
los lugares que el niño ha amado y cogiendo flores que luego entregarían
a Dios. |
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Marina G. 6º EP |
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EL
VIAJE
Ricitos
de Oro quería mucho a su madre y a su abuela, pero necesitaba a
una amiga con la que pudiera jugar y contarle sus secretos. Así
que decidió hacer un viaje. |
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Enseguida
pensó que necesitarían unos trajes adecuados para el viaje.
Al único que se le ocurrió fue al Emperador, así
que marcó su número y
Dígame -dijo una señorita con una voz un poco de pito. Buenas tardes, soy Ricitos de Oro, ¿me podría poner con el Emperador? Sí, espere un momentito. ¿Síiii ? Hola, ¿te acuerdas de mí? Soy Ricitos de Oro. Hombre, ¿qué tal? ¿Para qué me llamas? Es que quería unos trajes para para ¡carnaval! Sí, eso para carnaval. ¿Para Carnaval ? Pero si no es hasta dentro de tres meses. Ya, pero ya sabes como es mi madre Bueno, ¿me los puedes hacer? Si, bueno, yo no, mis sastres, ¿cómo los quieres? De excursionistas. Adiós. Ricitos colgó rápidamente, por si cambiaba el Emperador de opinión. También pensó que cogería una mochila con las cosas necesarias dentro: una linterna, una cantimplora, una gorra, comida Cuando empezó a meter las cosas en la mochila se dio cuenta de que le faltaba lo más importante, una excusa para su madre y su abuela. Pero no se le ocurría ninguna. Mm ¡Ya lo tengo! Diré que voy donde mis primos: Colás el chico y Colás el grande. Se dirigió a la cocina donde estaban su madre y su abuela. Mamá, abuela: escuchadme. ¿Qué te pasa? ¿Te pasa algo, cariño? ¿¡Me dejáis hablar!? Si, lo siento. Bueno, pues cuando os habéis ido a comprar ha llamado el tío Colás y me ha dicho que si quería ir a la ciudad a pasar unos días con ellos. Como me imaginaba que me dejarías, he dicho que sí y me ha dicho que mañana temprano me recoge para llevarme. Pero, tendré que hablar con él Ha dicho que no le llamemos, que está muy ocupado. Si tú quieres ir Yo ¡claro! Está bien. (Si quieres saber la continuación lee "Un inesperado encuentro".) Carmen G. 6º EP |
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LA
AMISTAD DE LA CERILLERA Y LA SIRENITA
Era
Navidad, las calles estaban vacías. Hacía frío, solo
una niña caminaba descalza con un manojo de cerillas en las manos
y algunas más en el delantal. |
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Llegaron
al mundo donde vivía la abuela, y ésta les estaba esperando.
La cerillera estaba extrañada, su abuela le explicó, que
Sirenita era su hermana, y que se habían encontrado justo en el
momento, en que Sirenita iba a cometer el mismo error que había
cometido la cerillera hacía unos cuantos años. Marta H. 6º EP |
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LA
MONEDA DORADA
Hace
mucho, muchísimo tiempo había un patito guapo que al hacerse
mayor se convirtió en un cisne feo. Tenía un abuelo que
le gustaba mucho hacer obras de teatro. Fernán G. 6º EP |
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LOS
TRES AMIGOS
Érase
una vez un sastrecillo que vivía en las afueras de un pueblecito
en la montaña; apenas tenía dinero para vivir porque era
pobre. Ayudaba a toda la gente del pueblo, les hacía toda la ropa
que le pedían y era muy bueno, tanto que no le importaba vivir
solo en su casita del pueblo de la montaña. Por eso le llamaban
el Sastrecillo Valiente. |
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Al
alejarse tanto de la orilla y no encontrar el camino de vuelta, empezó
a llorar y llorar, hasta que una Sirenita salió del agua y le dijo:
¿Por qué lloras? Entonces el Patito Feo le contestó: Porque no sé volver adonde están mis mejores amigos. A la Sirenita le dio tanta pena que le dijo: No te preocupes, que yo me conozco muy bien este lago y te llevaré con tus amigos. Cogió al Patito Feo y sin apenas darse cuenta, ya estaba con el Sastrecillo Valiente y el Soldadito de Plomo. Al verlo llegar se alegraron tanto, que se pusieron a bailar de alegría. Pasaron todo el día en el gran lago con la Sirenita. A la mañana siguiente decidieron regresar a su casa de la montaña. Al llegar a ella la encontraron cambiada; era la más hermosa de la comarca, con toda clase de telas, agujas, comida y muchas cosas más. El Sastrecillo Valiente se convirtió en el mejor sastre de todos, y el Patito aunque era feo, era el mejor amigo de todos los niños del pueblo y todos querían jugar con él. El Soldadito de Plomo se convirtió en un gran soldado que vigilaba y cuidaba la comarca. |